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El caso de aprendizaje versus nota

Expediente confidencial 005: 

“¿Esto cuenta para nota?” El misterio de los alumnos que solo aprenden si hay puntos de por medio.

Caso: El día en que la nota se comió al aprendizaje

La clase iba bien. Los alumnos discutían, revisaban sus respuestas y justificaban sus decisiones. ¡Había aprendizaje a la vista! Antonio observaba satisfecho cómo iban construyendo sus argumentos. Una alumna acababa de descubrir un error y estaba explicando al grupo cómo lo había corregido.

Entonces, desde el fondo del aula, llegó la pregunta.

—¿Esto cuenta para nota?

Silencio.

—No, es una actividad para ver qué necesitamos mejorar.

—Ah… —respondió el alumno, mientras cerraba el cuaderno—. Entonces, ¿hay que hacerlo?

Y ahí ocurrió.

Las manos que antes se levantaban para participar desaparecieron. Las ganas de revisar las respuestas se evaporaron. En menos de cinco segundos, habíamos pasado de una clase centrada en aprender a una negociación colectiva sobre el rendimiento académico.

El aprendizaje presente acababa de perder su principal competidor: la nota.

Y entonces Antonio comprendió que el problema no era que sus alumnos no quisieran aprender, sino que habían aprendido a identificar qué actividades merecían su esfuerzo según su impacto en la calificación. ¿Quién les había enseñado esa estrategia? Bueno, quizá el sistema de evaluación que llevábamos años utilizando.

Principales sospechosos:

La evaluación

La falta de motivación interna

Consultorio pedagógico

La pregunta de esta semana es: ¿Cómo consigo que se impliquen si no hay nota?

Una profesora escribe: ”Diseño actividades para que mis alumnos practiquen y reciban feedback. Intento que entiendan que esas actividades son importantes para aprender. Pero, en cuanto digo que no cuentan para nota, la participación cae en picado. Si pongo una nota, trabajan para conseguirla. Si no la pongo, algunos apenas se esfuerzan.¿Cómo puedo conseguir que valoren el proceso de aprendizaje y no estén constantemente pendientes de la nota? ¿Tengo que acabar calificándolo todo para que se tomen las cosas en serio?”

Tema de hoy: Evaluar para aprender. La evaluación formativa

Durante mucho tiempo, hemos asociado evaluar con calificar. Hacemos una actividad, corregimos, ponemos una nota y seguimos adelante. Pero ¿y si utilizáramos la evaluación para algo más interesante?

¿Y si evaluar sirviera, sobre todo, para averiguar qué están aprendiendo nuestros alumnos y ayudarles a dar el siguiente paso?

Eso es precisamente lo que busca la evaluación formativa. Se trata de que la nota deje de ser la única motivación y de que el alumnado encuentre valor en aprender y progresar.

¿Cómo podemos hacerlo?

1. Dando un propósito claro a cada actividad

Expliquemos qué queremos aprender y para qué nos servirá. En lugar de decir “hacemos el ejercicio 3”, decimos: “Con este ejercicio practicamos cómo justificar una respuesta con evidencias. Y podréis explicar no solo qué pensáis, sino por qué lo pensáis”. La actividad deja de ser una tarea a completar y se convierte en una oportunidad para desarrollar una habilidad.

2. Haciendo visible el aprendizaje

Aprender no siempre significa completar una tarea o acertar todas las respuestas. A veces, la evidencia de aprendizaje está en detectar un error, mejorar una explicación, o cambiar de estrategia. Si ayudamos al alumnado a reconocer esas evidencias, empezará a comprender que el valor de una actividad no depende solo de la nota que pueda obtener.

3. Dando feedback y oportunidades para utilizarlo

Un “bien” o un “6” pueden informar sobre un resultado, pero no ayudan a mejorarlo. Un buen feedback orienta al alumno/a: le muestra qué está haciendo bien, qué necesita revisar y cuál podría ser su siguiente paso. El objetivo no es que el alumno/a sepa únicamente cómo lo ha hecho, sino que sepa qué puede hacer para mejorar.

Pero recibir comentarios no significa aprender de ellos. Al devolver una actividad corregida hay que dar tiempo para revisar, corregir y volver a intentarlo, el feedback se convierte de este modo en una herramienta de aprendizaje.

 4. Enseñando a los alumnos a evaluar su propio progreso

Podemos pedir a los alumnos que identifiquen qué han mejorado, qué siguen sin comprender y qué estrategia les ha ayudado. Así, poco a poco, dejamos de ser los únicos que deciden si el trabajo está bien hecho. El alumnado empieza a desarrollar criterios para reconocer la calidad de su propio trabajo y tomar decisiones para mejorarlo.

Caso resuelto

En la siguiente clase, el reto exigía argumentar, contrastar ideas y justificar las respuestas. La actividad no contaba para nota. Pero esta vez al terminar, cada alumno recibiría feedback y tendría la oportunidad de revisar su trabajo antes de entregar una versión mejorada.

—Profe, ¿esto cuenta para nota?

—No. Pero sí nos sirve para comprobar qué estamos aprendiendo y qué necesitamos mejorar antes de la evaluación final.

—¿Y podemos cambiar las respuestas después de que nos las corrijas?

—Precisamente para eso.

No todos los alumnos se implicaron ni desapareció la preocupación por las notas de inmediato. No se resuelve en una sesión un hábito construido durante años. Pero había sucedido algo importante: algunos alumnos empezaban a utilizar la actividad para aprender, no solo para averiguar cuánto valía.

El cambio no consistía en conseguir que dejaran de preocuparse por las notas, sino en conseguir que también se preocuparan por mejorar.

Habíamos cambiado la función de la evaluación. En lugar de utilizarla solo para certificar lo aprendido, la habíamos utilizado para el aprendizaje mientras todavía se podía mejorar. 

La evaluación formativa no consiste en poner menos notas o dar más comentarios, sino en utilizar las evidencias del aprendizaje y el feedback para decidir los siguientes pasos y ofrecer al alumnado oportunidades reales de mejorar. No podemos exigir motivación intrínseca. Podemos favorecerla dando autonomía, explicando el propósito de las tareas, ayudando a los alumnos a ver sus progresos y haciendo que el aprendizaje tenga sentido más allá de la nota. La pregunta no es “¿cómo consigo que trabajen cuando no hay nota?” Sino “¿cómo diseño mis clases para que aprender y mejorar merezca la pena por sí mismos?”

Continuará

El experimento parecía funcionar. Así que decidí concentrarme en el siguiente paso.

—Con esta rúbrica sabréis exactamente qué se espera de vosotros y cómo podéis mejorar.

—Profe, ¿hay que cumplir todos los criterios para aprobar?

—¿Y si tengo un 3 en un apartado y un 4 en otro, qué nota me queda?

—¿Y si hago todo lo que pone aquí, tengo asegurado el 7?

Miré la rúbrica. Era clara. O eso creía yo. Mientras yo la había creado para orientar su aprendizaje, ellos buscaban la fórmula para convertirla en una calculadora de notas.

→Próximo expediente: “La rúbrica incomprensible”. Cuando una herramienta para aprender se convierte en un manual de instrucciones para sacar un siete.

El expediente permanece abierto. Nos vemos en el próximo caso.


Etiquetas: Evaluación, evaluación formativa, feedback, motivación interna

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