El caso de la búsqueda de productos iguales

Expediente 2: Diferenciación o excesivo trabajo para el profesor
Cuando los alumnos son autónomos empiezan a crear productos muy diferentes fuera de mi control y la pregunta es: ¿Cuándo dejamos de diferenciar y empezamos a complicarnos la vida?

Todo empezó con una buena intención.
Después del incidente de las 9:15, nuestro profesor —al que llamaremos Antonio— decidió que sus alumnos necesitaban más autonomía y no todos necesitaban lo mismo. Así que Antonio empezó a diferenciar.
Primero preparó una actividad para el grupo.
Después pensó: Quizá algunos necesiten más apoyo. Preparó una versión con ejemplos.
Después: Otros pueden necesitar un reto mayor. Preparó una versión más compleja.
Después: Tengo algunos alumnos que necesitan más estructura. Añadió pasos.
Después: Quizá debería ofrecer distintos niveles de dificultad. Añadió niveles.
Después: Y, ya que estamos…
A las 23:47 había creado varias versiones de la misma actividad.
A las 00:26 se preguntó si realmente era necesario dormir.
A las 00:31 abrió otra vez el documento.
A las 00:42 se dio cuenta de que una de las versiones tenía una fuente diferente.
El caso estaba fuera de control.
Posibles sospechosos
- La creencia de que cada alumno necesita una actividad diferente.
- La falsa personalización
- La excesiva ayuda del profesor
Tengo alumnos con niveles, necesidades y ritmos muy diferentes. Quiero diferenciar mi enseñanza, pero siento que cada vez termino preparando muchísimos materiales… ¿Cómo puedo atender a todos sin crear una actividad diferente para cada alumno?
La diferenciación no significa necesariamente crear más materiales. Podemos tener cinco fichas diferentes y seguir ofreciendo exactamente la misma experiencia de aprendizaje. La pregunta es: ¿Qué necesita cada uno de mis alumnos para poder alcanzar el mismo objetivo de aprendizaje?
Una buena diferenciación empieza cuando te preguntas: ¿Qué le pasa a este alumno/a que no consigue realizar la actividad? Porque …no todos los alumnos necesitan lo mismo.
Uno puede necesitar más estructura.
Otro más tiempo.
Otro un modelo.
Y tampoco todos los alumnos que avanzan rápido necesitan simplemente “más trabajo”.
En resumen:
- El objetivo de aprendizaje es el mismo para todos, pero el camino es diferente.
- Antes de diferenciar se debe identificar el obstáculo. ¿Qué le está dificultando aprender a este alumno?: ¿el lenguaje? ¿La comprensión de la tarea? ¿La gestión del tiempo? ¿La falta de conocimientos previos?
- Los apoyos pueden ser temporales. Si ayudamos al alumno a descubrir lo que le impide su aprendizaje, con seguridad después avanzará más rápido y ya no necesitará apoyos extra. Una buena diferenciación es precisamente lo que permite construir autonomía.
- Si ofrecemos opciones también estamos diferenciando. Esto ocurre cuando los alumnos pueden elegir, por ejemplo entre diferentes recursos; cómo organizar una respuesta; escoger entre diferentes formas de demostrar lo aprendido; trabajar con distintos niveles de apoyo.
- Y diferenciar también significa desafiar. No nos centremos solo en los alumnos que se van quedando atrás y necesitan apoyo, sino que demos también alas a los que necesitan volar.
Antes de preparar una nueva versión de una actividad, prueba a preguntarte: ¿Necesito realmente otra actividad o necesito otro tipo de apoyo? Porque facilitar una tarea y facilitar el aprendizaje no siempre son lo mismo. Muchas veces es suficiente
Una pregunta guía.
Un ejemplo de respuesta.
Un organizador para estructurar las ideas.
Una pregunta adicional que exige justificar, conectar o transferir.
No se han creado cuatro actividades. Se ha creado una experiencia de aprendizaje con diferentes puertas de entrada.
Antonio cerró finalmente los cinco documentos.
Había aprendido algo importante. No necesitaba tantas actividades sino conocer mejor a sus alumnos. Necesitaba identificar los obstáculos y qué apoyos eran realmente necesarios.
Y, sobre todo, necesitaba recordar algo: Diferenciar no consiste en hacer más. Consiste en diseñar mejor.
Guardó la actividad.
Cerró el ordenador.
Miró el reloj. Era la 1:07. Y se fue tranquilo a la cama a dormir.


El caso parecía resuelto. Los alumnos tenían apoyos diferentes y algunos tenían más desafío.
Todo parecía funcionar. Hasta que Antonio hizo una observación preocupante.
Los alumnos podían elegir y algunos habían descubierto algo fascinante: siempre podían elegir la opción más fácil.
¿Cómo ofrecemos elección y autonomía sin que nuestros alumnos conviertan la diferenciación en una oportunidad de tareas fáciles?